Nuestro compromiso en otoño: Aumentar la prevención y cuidar las defensas

Es habitual que nos sintamos más cansados y abatidos tras las vacaciones de verano, ya que alrededor de septiembre convergen diversos factores que pueden afectar a nuestro estado de salud (y de ánimo). Las altas temperaturas, los cambios de hábitos y rutinas que implica el verano y la adaptación psicológica que supone para muchos la vuelta al trabajo nos obligan a cuidar especialmente nuestra salud física y mental.

Para ello, es importante actuar en dos líneas paralelas. Por un lado, mantener el buen estado de nuestras defensas tras el verano, y por el otro, ser especialmente conscientes de la importancia de la prevención para hacer frente a posibles enfermedades.

Así pues, es importante ser rigurosos y cuidarnos, si cabe, más que nunca. Estos son algunos de los pasos que debemos seguir para mantener en buen estado nuestro sistema inmune:

 

Prevención, prevención y más prevención

Un estudio de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) ofrece nuevas evidencias de que las mascarillas –incluso las de tela, cuya efectividad es menor– pueden ser útiles para evitar posibles contagios. Si el uso generalizado de mascarillas por parte del público se combina con distanciamiento físico y cierto confinamiento, puede ser una buena forma de prevención. Por tanto, es fundamental tener muy presente la importancia de su uso.

 

Guardar las distancias

Basándose en proyecciones de posibles escenarios de propagación del virus, los expertos de un estudio realizado por la Escuela de Salud Pública de Harvard y publicado en la revista Science apuntan que una vez levantadas las medidas de distanciamiento social, pueden producirse rebrotes. Lo mejor, pues, es ser prudentes y garantizar una distancia social, sin excepción, de al menos dos metros y utilizar mascarilla en todo momento. 

 

Mejor sin sal

Llevar una dieta mediterránea rica en frutas, verduras y hortalizas, con un bajo consumo de grasas de mala calidad y gran presencia de semillas, legumbres, frutos secos, huevos, pescado y carne blanca contribuye a fortalecer el sistema inmunitario, según numerosas investigaciones. Una de ellas, realizada por el departamento de Microbiología de la Universidad de Jaén, concluye que las dietas ricas en antioxidantes, como es el caso de la mediterránea, pueden ser beneficiosas para nuestra salud ya que pueden prevenir el estrés oxidativo inducido por los microorganismos responsables de infecciones.  

Otros alimentos, sin embargo, como es el caso de la sal, inciden negativamente en el sistema inmune. Según una investigación publicada en la revista Science Translational Medicine, las dietas altas en sal pueden dar lugar a infecciones bacterianas más graves. Entre el grupo de individuos analizados, aquellos que consumieron seis gramos adicionales de sal (el equivalente a dos comidas rápidas) mostraron deficiencias inmunes destacables. Otro estudio, en esta ocasión elaborado por científicos de la Universidad de Bonn, en Alemania, en colaboración con la Universidad de Massachusetts, en Estados Unidos, publicada en la revista Cell, señala que una dieta rica en calorías también puede provocar que las células inmunes reaccionen como si se tratase de una infección bacteriana.

 

Cuidado con el calor

Está demostrado que las altas temperaturas afectan a muchas personas en varios aspectos, también en el de la salud mental. Una investigación realizada por científicos de la Universidad de Georgia, en Estados Unidos, señala que los días calurosos aumentan la probabilidad de que un adulto promedio informe de una mala salud mental en este país. De hecho, incluso un porcentaje de los individuos consultados pagarían por evitar los días en los que suben las temperaturas. Otra investigación, en esta ocasión realizada por científicos de la Universidad de Tokio, en Japón, señala que las olas de calor pueden reducir la respuesta inmune del cuerpo a la gripe. Ambos estudios ponen de manifiesto los efectos que puede tener a medio plazo el cambio climático sobre la salud tanto física como mental de la población. 

 

La importancia de dormir bien

Una investigación realizada por la Universidad Carnegie Mellon, en Estados Unidos, concluyó que las personas que duermen menos de siete horas al día son tres veces más propensas a resfriarse que las que duermen ocho horas o más. 

Según el Instituto Europeo del Sueño, dormir lo suficiente fortalece nuestro sistema inmunitario y mejora nuestras funciones orgánicas. Varias investigaciones hechas en población adulta y sana han establecido que las personas que duermen menos de siete horas son más propensas a padecer resfriados u otras enfermedades. 

 

Una vida slow

Muchos expertos recomiendan reincorporarse de forma paulatina a las antiguas rutinas, lo que implica, entre otros gestos, levantarse antes para poder prepararse tranquilamente antes de ir al trabajo, afrontar la carga laboral poco a poco y tratar de respetar los horarios. Así lo recomiendan los expertos de la consultora Lee Hetch Harrison, que en una encuesta de 2019 señalaba que hasta un 41% de trabajadores en España sufre el llamado síndrome post-vacacional a causa de la vuelta al trabajo, una cifra que aumenta año tras año. Frente a este 41%, un 59% reconoce que padece cuadros de fatiga en el período de reincorporación al trabajo. 

En este sentido, según una revisión de investigaciones realizada en el Journal of Consulting and Clinical Psychology, tanto la depresión como el estrés pueden dar lugar a un debilitamiento del sistema inmune. De hecho, las evidencias provisionales apuntan a que las emociones negativas estimulan la producción de hormonas como el cortisol o las catecolaminas, que tienen efectos sobre los linfocitos, responsables de neutralizar los agentes infecciosos. Es de vital importancia, pues, tomarse con cierta calma el regreso a la rutina, mantener en la medida de lo posible una actitud positiva y tratar de encontrar ratos para nosotros mismos en la vorágine del día a día.

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